Por Fuentealba

Un recuerdo muy triste, y una esperanza me traen, desde alla, de Cipoletti.
Fuentealba fusilado.
Bendecido Fuentealba.
Una amenaza pendiente, permanente en las espaldas.
Siendo miedo por mis hijos, Andres y Melina, solos, en medio de aquel paisaje.
Enrarecido.
Sangriento.
Crimen impune, marchita a la humanidad del Alto Valle, con sus chacras, con sus cabras.
Le remito el primer cuento Las mil y una noches hablándole, al asesino que acecha, distrayendo su mirada.
Mil y una noche pensando, como puede evitarse otra matanza.
Terror me da el pensar, que mis dos amigos se queden, casi solos alla lejos.
Pero ellos, como pueden, saben construir sus espaldas.
Y la mano de un fusil, la tienen en la mirada. Ternura cuando se besan, ternura cuando nos llaman.
Ternura cuando se miran; una flor en la mano para darla.
Y la bayoneta calada.

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